miércoles, 26 de diciembre de 2012

Desvíos


Y me vi a mí sola. Desencajada. Desconcertada. Aturdida. Asustada. Ignorante. Perdida. 

Perdida, esa es la palabra. Estaba perdida. Preguntándome sin querer preguntar y llorando sin lágrimas que secar. 

¿Dónde te habrás ido?
 
Tal vez el problema no sea no encontrar las respuestas, sino no saber qué buscar, qué preguntar…

Yo dejo que el camino me arrastre con sus desastres, con su belleza y sus baches y me lleve así no sé, no sé a dónde… Quizás me baje en marcha, quizás me duerma en su vaivén, quizás corra más que él… Me dejaré mecer por ti, por tus brazos, por tu dolor y tu inmensa lucidez. Quién sabe. Puede que así te encuentre.


domingo, 2 de diciembre de 2012

Año nuevo, mismo sueño

En el café de aquellas calles, Hugo se sentaba cada mañana del 1 de enero. Como un puto reloj, llegaba a las 10.00 a uno de los pocos establecimientos que abrían el primer día del nuevo año, y se sentaba siempre en la misma silla y en la misma esquina. Pedía un chocolate con nata y se quedaba allí hasta las 12.00. Sólo, completamente sólo.

Llevaba haciendo ese gesto cinco años, y no pretendía abandonarlo porque la esperaba, esperaba que algún día al abrir la puerta apareciera su pequeña luz.

Era su tradición.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Las gotas (II)

Salieron a pasear una tarde más bajo un sol radiante, y caminaron en silencio sin cogerse de la mano. Aún no sabían lo que el uno era para el otro. Quizás un parche, quizás un aliento o quizás mucho más. Y, mientras el gris cubría el cielo, él la vio, cada milímetro de su rostro, su cara sin vida, pero llena de sus ojos, que rebosaban vitalidad. Sus labios finos, sus labios ardientes, sus mejillas sin color… Mucho más. Muchísimo más. Y la lluvia les alcanzó, las calles se encharcaron en segundos. Su pelo quedó empapado, como la ropa que se pegó a su cuerpo. 

Mucho más.


Así, bajo la furia de aquella lluvia torrencial, lo supo. La cogió de la cintura y la atrajo hacia sí. Dos minutos se quedaron pegados el uno al otro, embebiéndose en un nuevo acertijo que jamás descubrirían y, poco a poco, sus labios se buscaron, pidiendo permiso, esperando, temiendo romper el hechizo que les envolvía, hasta que, finalmente, se encontraron.  

“Mucho más”.
  
Ya eran una sola, una sola gota que se regocijaba bajo miles de ellas.

Mucho más.

martes, 11 de septiembre de 2012

Las gotas (I)

Cuando acabó la película la sala quedó vacía, solo quedaba en su asiento una joven que no cesaba de llorar. Un chico de ojos oscuros se acercó a ella entonces, abrumado por sus lágrimas.

- ¿Puedo hacer algo por ti?- Una muchacha pálida y esmirriada le devolvió la mirada, una mirada cargada de indescifrable tristeza, una mirada que le perdió en un laberinto del que nunca saldría.

- Es esta música. La película no era buena.-Susurraba.- Pero su música quería decirnos mucho más… Es lo que la gente no sabe ver en las cosas y lo que todos quieren buscar.

Había visto esa película cientos de veces desde que la estrenaron, pero en ninguna de ellas había encontrado la pieza que le faltaba… Hasta entonces. Y se dejó llevar por los acordes de piano que inundaban cada rincón de la estancia, dejando que fueran sus lágrimas las que hablaran desde hacía tanto. 

Se acurrucaron en silencio, dos extraños que buscaban sus trocitos entre las paredes de una sala de cine. 

Y, así, las gotitas de agua comenzaron a perseguirse… 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Las gotas (III)

Él siempre demasiado desconfiado, ella siempre demasiado obtusa. El día que se fueron a encontrar quisieron acabar con todo eso. Pero el miedo no les dejaba y, queriendo amarse, centímetro a centímetro se separaban.
Ella ya le había confesado que escribir era como su huida, su pequeñito secreto para escapar del mundo. Él quería irse con ella.

Así que, cuando abrió su puerta para recibirle, no encontró a nadie, pero, al mirar hacia abajo, la vio. La primera carta. Donde él le contaba todo, cada insignificante detalle de su dolor y su alegría.

Y así iniciaron un ritual en el que se unían en uno en cada letra, como dos gotas de agua que viajan juntas.

Nunca hablaban de ello cara a cara. No hacía falta.


Las gotas (IV)


Caían las gotas una detrás de otra, pisándose los talones y, en algún punto de su recorrido, como atraídas por una extraña fuerza, se unían en una sola, más rápida y fugaz, más alegre quizás. Pero siempre llegaban a morir a la esquina de alguna ventana, de un cristal. 
Miraba aquello con cierta admiración que, hasta entonces, se le había escapado.

Escuchó de fondo una pieza de piano muy bella, que le llevaba a sus más escondidos recuerdos: ojos anhelantes, lluvia, ceniza, cartas, sobre todo infinidad de cartas y… música.

La gota negra que resbalaba por su mejilla, sin embargo, nunca caminaría al lado de otra. Su camino era para siempre esperar.

viernes, 17 de agosto de 2012

Complejos

Un día como otro cualquiera se miró al espejo. Lo mismo, lo mismo que hacía todas y cada una de las mañanas preguntándose si al acostarse vería esa idéntica imagen. Y nunca lo hacía, porque en el transcurso del día se hacía más fea, más guapa, muy delgada o demasiado gorda. Pero, eso sí, siempre veía unos labios serios que la criticaban y juzgaban sin ni siquiera entreabrir sus comisuras. Porque no hacen falta los disparos cuando la sentencia ya está siendo cumplida.

Aquel día, sin embargo, pasó algo increíble: ella era la misma. 

Y, sintiendo una felicidad que jamás había conocido, acarició su boca. Algo en su mecanismo cambió cuando tocaba con temor cada una de las partes de su cuerpo. De repente, se dio cuenta, sus labios estaban medio abiertos, como esperando un abrazo de lenguas. El suyo propio. 


A partir de entonces ya no tendría que mirarse más al espejo, porque había logrado encontrar lo que deseaba en su reflejo.

domingo, 6 de mayo de 2012

Huye

Corría por sus venas euforia desatada, locura desenfrenada… Al besarle en el labio le arrancó un pedazo, dejando fluir la sangre entre sus dos bocas. No lo sentía, no sentían dolor. No reconocía las paredes contra las que él le apretaba ni el día ni el mes ni el sabor oxidado que lamía de su propia boca. Y en cualquier sitio, ebrios de locura, dejaban que sus instintos mandaran. Gritos, risas, llanto, vómitos, gemidos, humo, sonido, silencio… Y noches interminables. 

Tirados en no sé donde, tirándose a no sé quién. No sé qué está pasando, pero sus labios están magullados; su cuerpo, famélico; su vida, condenada.

-Solo estás perdida.

+Y tú… ¿Tú vas a ayudarme a encontrarme? 

jueves, 19 de abril de 2012

Estar sin estar

Octubre. Caen muertas las hojas de los viejos árboles, el frío comienza a abrirse paso entre los escasos y desgastados años que su corta vida consume. La cabeza mantiene al corazón frío e indiferente, única arma ante el dolor que siente.

Noviembre. Huele a recuerdos de vida, nostalgia que desgarra y preguntas que vuelven. Poco a poco el viento llega, mientras su corazón queda vacío. Ya no hay frío ni calor, solo una herida que se reabre.

Diciembre. Lágrimas blancas que mueren al resbalar de su rostro. Comienza a entender que su carencia es irremplazable, cielos grises que cubren el resplandor de un relámpago. Ya no vive, solo finge. Se acostumbra a romper a llorar en silencio y a esperar el paso del tiempo.

Enero. Estar, sin estar. Luchar.

Y un relámpago cae con estridencia. 

Despierta, despierta…

Vuelve, vida.

lunes, 19 de marzo de 2012

Días de tormenta

Como costumbre, se sentaba a observar los días de lluvia desde la ventana de un bar algo anticuado, bebía cerveza barata y por las noches se metía todo lo que encontraba. Sí, eso hacía los días de lluvia, pero cuando el sol se mostraba espléndido se sentaba en ese mismo bar, en una esquina escondida de los demás, y esperaba a que cierta persona entrara por la puerta.

Y se quedaba allí, observándola y oliendo en la distancia el perfume que evocaba. 

En realidad hacía lo mismo que los días de lluvia: por el día observaba la tormenta y por la noche se colocaba.


lunes, 23 de enero de 2012

Poco común

No recordaba nada. No sabía quién era o cómo cojones había llegado allí. Se encontraba inmerso en una completa oscuridad. No entendía que había ocurrido o si, verdaderamente, existía algo más que eso.

Un extraño pájaro recorrió aquel inmenso vacío, dejando tras de sí un rastro de fuego, pequeñas luces. Al principio aquella criatura le asustó y tuvo miedo. Pero al cabo de un tiempo, quién sabe si meses, días o años, acabó por verle como alguien cercano. Esperanza. 
Era un fénix, sí, y le seguiría. 

Sea lo que fuere le hizo sentir abstraído y vivo. 

Su único enlace a lo que existiera o no.

miércoles, 18 de enero de 2012

Un simple reflejo

Conoció un día un triste muchacho, lleno de dudas, lleno de incertidumbre… Y, sin saber cómo ni por qué, se despertó a su lado en una cama de hotel. A lo largo de varios años le veía una sola noche: el mismo día, a la misma hora y en el mismo sitio. Siempre llevaba el mismo traje y siempre terminaban con los pantalones desabrochados. Repetía una y otra vez: "Te esperaré".

Cuando sus amigas le preguntaban si era guapo ella afirmaba no saberlo, no recordaba su rostro.

Hasta que llegó un año en el que no tuvo tiempo para ir a verle y, por fin, comprendió. Aquel chico no era más que el dolor de su pérdida, su amor eterno y su gran encrucijada. Si estaba vivo o no, eso, era otra cuestión…

"Espérame, allá donde estés".