jueves, 27 de noviembre de 2014

Subirme a tu tren y llegar a todas partes

Este escucharte en las canciones, como si me las cantaras, desafinando, como siempre. Este verte en cada poema, en cada cama, en cada estación de metro. Este tener que quererte desde aquí. Y tú allí.

Yo, llegando puntual a todas partes, y mi raya, sin correrse.
Porque como estás allí todo está en orden. Y como estoy aquí por las noches se duerme.

Y Madrid se pone triste porque el mar de tus ojos se esconde.

Y los andenes lloran cuando los trenes se escapan.

Y los ascensores no se paran.

Y todo el mundo llega a su destino, sigue viviendo, mientras yo te espero.

Pero tu tren y el mío ya están destinados a chocarse, si no movemos montañas por pasar juntos una noche.

Te quiero. Así de simple. Y voy a parar el mundo en la estación de RENFE, y lo voy a girar cuando quiera verte. Porque tú estás allí, y yo estoy aquí.


Pero nosotros somos, hoy, aquí, ahora. Estamos aquí y estamos allí.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Caída libre, de buena gana



Que en asuntos de dolor 
siempre me he tirado sin paracaídas,
y, en más de una ocasión, 
no se abrió.
Y, si te soy sincera, 
unas veces no se tiraron a por mí, 
otras no les dejé yo.
El problema 
es que siempre me ha dado miedo 
abrir mis alas, 
porque están ahí. Lo sé.

Las siento cada vez que es música 
el sonido de nuestro roce,
las siento 
en cada zancada, cada zarpazo, 
a toda prisa hacia la nada 
(que es mi libertad)
y ahí casi se despliegan.
Las siento en un salto hacia el mar,
en la vida, que duele, pero que brilla.
Y en el baile, que es follar, pero sin tocarse,
y en las carcajadas, 
que me dejan sin aire,
porque no hay nada como dejar de respirar voluntariamente 
(y encima descojonarse).


Pero se han abierto y vuelo,
                                                     vuelo, 
                                                                    cada vez que me miras y no me salvas.


Caída libre en tus ojos,
al galope.

Saltar al precipicio de tus hombros,
pero sin golpe.