jueves, 11 de abril de 2024

El capricho ámbar


Te habían quitado lo que era tuyo, 
lo que era puro, ingenuo,
lo que estaba perfecto.
Lo convirtieron en un fruto podrido
caído del árbol prohibido de los pecados 
dañado para siempre, dañado para siempre
dañado para siempre, dañado para siempre.

Zahara

[Cada vez que te siento 
apretarte contra mis caderas
se me encienden las alarmas de la culpa].

Quisiera convertirme en roca inerte
que ni sintiera deseo
ni fuera deseada,
pero soy mujer
nacida del vientre amarillento 
de la historia,
que ha pasado imberbe
por extensos campos de nabos,
sometida a la atención interesada 
de los hombres,
para siempre afligida de heridas
que supuran leche cortada.

Soy
aborto viviente de ojos abiertos 
que escuecen como el amoniaco
en un pelo limpio,
porque no quiero ver,
pero veo,
y la certeza 
pare estas dudas,
huérfanas de senda:
¿aquel fuego
volverá a ser
alguna vez
mío
o sus llamas
seguirán siendo 
la corriente corrupta
de los designios masculinos?

Quisiera decir 
que sus ojos en mi carne
no me importan,
que se resbalan
cual savia 
por la corteza de mis muslos,
pero si no los siento 
prendidos a mi cuerpo
de mi tronco emergen
mirlos negros
que desmenuzan 
cada viruta de madera
y la convierten
en cuchillos 
que se clavan en mi ego. 

Culpable de no serviros,
desgraciada ante vuestra indiferencia, 
mi apetito yace fosilizado
bajo las gotas de vuestro semen.